
Hace más de dos meses, las presiones amiguiles y sociales, me llevaron a sucumbir a la World Net más popular del mundo, esa que mencionan, capítulo sí y capítulo también geeks-nerds ilustres como Sheldon Cooper & friends: el facebook.
Y sí, debo admitir que he descubierto un fascinante y nuevo mundo de posibilidades comunicacioniles. Ahora soy testigo privilegiado de todos y cada uno de los acontecimientos significativos en la vida de mis contactos: se cuando a uno le sienta malamente el tabasco; cuál se ha comprado un bolso amarillo-pollo-casi-piolín; cualo le tira los trastos descaradamente a cualo; y quién ha venido a este mundo, única y exclusivamente, para ser sucesor de Juan Manuel de Prada o diseñador de vestuario de cine porno.
Me he dado cuenta de que la fauna feisbukil se divide, básicamente, en tres especies: el abejorro (o actualizador compulsivo), el buho (o silencioso y aparentemente inactivo observador) y... todos los demás. Sintiéndome very incomoda en la piel de cada una de ellas, ahora puedo asegurar lo que ya intuí desde el minuto 1: el féisbuk no es para mi. En lugar de entretenerme, me deprime, y en lugar de animarme a compartir, me frustra. Why?
Si en Matrix no liberaban una mente pasada cierta edad debido a sus apegos y prejuicios varios, puede que en el proceso de adaptación a las new technologies a mi me este ocurriendo algo similar. Y es que no ha sido hasta prácticamente ayer, cuando he descubierto que lo mío con el invento de masas era una puritita distorsión cognitiva. Dicho con otras palabras, me empeñaba en considerarlo lo que no es: una herramienta de comunicación más o menos creativa. Pero como cualquier usuario caralibril sabe de sobra, lo que se cuenta, cómo se cuenta y su supuesta relevancia, es lo de menos. El facebook cumple una función social-cultural, y obviamente satisface la creciente demanda Mi vida en directo de la que muchos parecen haberse contagiado, pero no puede ser visto, únicamente, con ojos de lector-contador. Mi problema es que, para bien o para mal y sea cual sea el formato internetil que utilice, esos son los únicos ojos que me interesan.
Por lo tanto, tras varios intentos de reconciliación infructuosos, tiro públicamente la toalla. Se acabó la ansiedad de intentar superar mi síndrome de la inadaptación tecnológica. Si estoy enferma, he de asumirlo. It’s over. Non c’è la faccio più. Adieu!
¿Seré la única que lo padece?
P.D. Sé que con esta entrada voy a hacer muchos amiguitos. Mentalizado me he...