
" Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi Destino:
soy el capitán de mi Alma".
Invictus, William Ernest Henley
Este es el poema que Nelson Mandela repitió como un mantra durante los 27 penosos años de cárcel que padeció por su lucha contra el apartheid. 324 lunas en las que la gran mayoría de los mortales habríamos sucumbido irremediablemente a la desesperanza, la enfermedad o la muerte... o todo al mismo tiempo. Su liberación, en 1990, ha pasado a formar parte de uno de los momentos más emotivos de nuestra memoria colectiva. Cuatro años después, se convertiría en el primer presidente de Sudáfrica en ser elegido por medios democráticos bajo sufragio universal.
Casi cinco décadas antes, en plena Segunda Guerra Mundial, Victor Frankl, neurólogo y psiquiatra suizo, sobrevivió desde 1942 hasta 1945 en varios campos de concentración, incluidos Auschwitz y Dacha. Nada más ser liberado, escribió El hombre en busca de sentido, en donde describe la vida del prisionero del régimen nazi desde la perspectiva de un psiquiatra. En esta obra expone que, incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, a pesar de un sin fin de torturas y privaciones, el hombre puede engrandecerse en el dolor y mantener su dignidad intacta. Esta reflexión le sirvió para confirmar y terminar de desarrollar la Logoterapia, considerada la Tercera Escuela Vienesa de Psicología.
¿Qué excepcional mecanismo de defensa mantuvo a Mandela y Frankl invicti? ¿será cierto en todos los casos que “lo que no te mata te hace más fuerte”? ¿que porción de su impresionante hazaña puede atribuirse a nuestra dimensión espiritual?. Y lo que es aún más interesante (e inquietante), ¿cuántos simples mortales tenemos la potencialidad de convertirnos en extraordinarios?
Hay personas que, indudablemente, están hechas de una pasta especial o, como se denomina en psicología, “son muy resilientes”. La resiliencia es un termino parecido a la resistencia, aunque not exactly the same. Concretamente, es la capacidad de los sujetos para sobreponerse a tragedias o períodos de gran dolor emocional. Cuando un sujeto o grupo humano, no sólo es capaz de recuperarse, sino que incluso puede resultar positivamente transformado o fortalecido tras circunstancias adversas, se dice que tiene “resiliencia adecuada”.
Cuando pienso en este término, siempre me viene a la mente una especie de Elastiwoman (o Elastiman), capaz de estirarse y estirarse hasta límites imposibles, para volver a adoptar su forma original rápidamente y sin secuelas, ganando incluso algún músculo extra en el camino.
“A pesar de traumas graves, incluso muy graves, o de desgracias más comunes, la resiliencia parece una realidad confirmada por muchísimas trayectorias existenciales e historias de vida exitosas. De hecho, por nuestros encuentros, contactos profesionales y lecturas, todos conocemos niños, adolescentes, familias y comunidades que "encajan" shocks, pruebas y rupturas, y las superan y siguen desenvolviéndose y viviendo -a menudo a un nivel superior- como si el trauma sufrido y asumido hubiera desarrollado en ellos, a veces revelado incluso, recursos latentes y aún insospechados".
Este es el poema que Nelson Mandela repitió como un mantra durante los 27 penosos años de cárcel que padeció por su lucha contra el apartheid. 324 lunas en las que la gran mayoría de los mortales habríamos sucumbido irremediablemente a la desesperanza, la enfermedad o la muerte... o todo al mismo tiempo. Su liberación, en 1990, ha pasado a formar parte de uno de los momentos más emotivos de nuestra memoria colectiva. Cuatro años después, se convertiría en el primer presidente de Sudáfrica en ser elegido por medios democráticos bajo sufragio universal.
Casi cinco décadas antes, en plena Segunda Guerra Mundial, Victor Frankl, neurólogo y psiquiatra suizo, sobrevivió desde 1942 hasta 1945 en varios campos de concentración, incluidos Auschwitz y Dacha. Nada más ser liberado, escribió El hombre en busca de sentido, en donde describe la vida del prisionero del régimen nazi desde la perspectiva de un psiquiatra. En esta obra expone que, incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, a pesar de un sin fin de torturas y privaciones, el hombre puede engrandecerse en el dolor y mantener su dignidad intacta. Esta reflexión le sirvió para confirmar y terminar de desarrollar la Logoterapia, considerada la Tercera Escuela Vienesa de Psicología.
¿Qué excepcional mecanismo de defensa mantuvo a Mandela y Frankl invicti? ¿será cierto en todos los casos que “lo que no te mata te hace más fuerte”? ¿que porción de su impresionante hazaña puede atribuirse a nuestra dimensión espiritual?. Y lo que es aún más interesante (e inquietante), ¿cuántos simples mortales tenemos la potencialidad de convertirnos en extraordinarios?
Hay personas que, indudablemente, están hechas de una pasta especial o, como se denomina en psicología, “son muy resilientes”. La resiliencia es un termino parecido a la resistencia, aunque not exactly the same. Concretamente, es la capacidad de los sujetos para sobreponerse a tragedias o períodos de gran dolor emocional. Cuando un sujeto o grupo humano, no sólo es capaz de recuperarse, sino que incluso puede resultar positivamente transformado o fortalecido tras circunstancias adversas, se dice que tiene “resiliencia adecuada”.
Cuando pienso en este término, siempre me viene a la mente una especie de Elastiwoman (o Elastiman), capaz de estirarse y estirarse hasta límites imposibles, para volver a adoptar su forma original rápidamente y sin secuelas, ganando incluso algún músculo extra en el camino.
“A pesar de traumas graves, incluso muy graves, o de desgracias más comunes, la resiliencia parece una realidad confirmada por muchísimas trayectorias existenciales e historias de vida exitosas. De hecho, por nuestros encuentros, contactos profesionales y lecturas, todos conocemos niños, adolescentes, familias y comunidades que "encajan" shocks, pruebas y rupturas, y las superan y siguen desenvolviéndose y viviendo -a menudo a un nivel superior- como si el trauma sufrido y asumido hubiera desarrollado en ellos, a veces revelado incluso, recursos latentes y aún insospechados".